De los 4.475 adultos analizados en mi investigación, apenas el 5,3% cumplía la recomendación de consumir al menos cinco porciones diarias de frutas y verduras.
Dicho de otro modo: el 94,7% no llega.
Y hay un segundo dato que acompaña al primero: el 80% de la población presentó alta exposición al consumo de sal.
Qué significan cinco porciones
Menos de lo que la gente imagina. Una porción equivale aproximadamente a:
- Una fruta mediana (una manzana, un guineo)
- Un plato de ensalada
- Media taza de verdura cocida
- Un puñado de fruta picada
Cinco porciones al día son, por ejemplo, una fruta en el desayuno, una a media mañana, ensalada en el almuerzo, verdura cocida y una fruta de postre.
Que solo el 5,3% lo consiga indica que el problema no es de esfuerzo individual, sino de patrón alimentario colectivo.
El hallazgo que no esperaba
Aquí viene la parte que exige honestidad intelectual.
En mi análisis, no se encontró asociación estadísticamente significativa entre el consumo de frutas y verduras y la obesidad abdominal (p = 0,166). Tampoco entre la exposición a la sal y la obesidad abdominal (p = 0,801).
Podría omitir este resultado y el artículo sonaría más redondo. Pero decir lo contrario sería faltar a los datos.
Lo que este resultado no significa: que las frutas y verduras den igual. No es eso.
Lo que sí significa, con probabilidad:
Cuando el 94,7% de la población está en la misma categoría, estadísticamente casi no hay con quién comparar. Es muy difícil detectar diferencias entre grupos si prácticamente todos están del mismo lado.
Además, la encuesta mide porciones declaradas por la propia persona, un indicador grueso que no captura calidad, preparación ni contexto de la comida.
Por qué siguen importando
El beneficio de frutas y verduras está sólidamente documentado en otros desenlaces: control de la presión arterial, salud digestiva, perfil lipídico, densidad de nutrientes y saciedad. Que en esta muestra concreta no se asociaran con la circunferencia de cintura no borra esa evidencia.
Y el dato de la sal merece atención propia. Con un 80% de alta exposición, el riesgo relevante no es la cintura, sino la presión arterial. La hipertensión y la diabetes con frecuencia caminan juntas.
Cómo subir el consumo sin complicarse
Una fruta entera en cada comida. Entera, no en jugo: el jugo pierde la fibra.
Ensalada antes del plato fuerte. Aporta fibra y volumen, y modera lo que viene después.
Verdura en la sopa. La sopa es parte de la mesa ecuatoriana; es el vehículo más fácil.
Fruta de temporada. En los mercados de Loja es más barata y está mejor de sabor.
Deja la fruta a la vista. Suena trivial, pero funciona: lo que se ve, se come.
Sobre la sal
La mayor parte del sodio no viene del salero, sino de embutidos, caldos concentrados en cubo, snacks, conservas y salsas. Cocinar más en casa es la forma más directa de controlarlo.
Sustituye sal por sabor: ajo, cebolla, cilantro, comino, hierbas, limón. La cocina lojana ya tiene esa tradición de condimentos a favor.
En consulta
Trabajar sobre el consumo real de frutas, verduras y sodio es parte del abordaje habitual, tanto en control de peso como en el manejo de diabetes e hipertensión.
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Este contenido es informativo y no sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud.
Fuente: Robalino Soto, D. (2026). Tesis de Maestría en Nutrición y Dietética con mención en Enfermedades Metabólicas, Obesidad y Diabetes. Análisis de la Encuesta STEPS Ecuador 2018 (MSP–OMS).
Puedes consultar la investigación completa, en acceso abierto, en el repositorio institucional de la Universidad Internacional del Ecuador: Asociación entre estilos de vida y obesidad abdominal en adultos ecuatorianos: análisis de la Encuesta STEPS Ecuador 2018.
